Niños y niñas jugando

Emanuel y Constanza Notari

Sorocaba, São Paulo, Brasil
10 de agosto del 2.020

Hola jovencito, ¿cómo está? Con el permiso del personal médico, mi esposa y yo quisiéramos conversar un poquito contigo, ¿te parece? Nosotros no vivimos aquí cerca. Vivimos en Brasil. Sabemos que estás hospitalizado. Yo nunca he pasado por eso. Mi esposa sí. Cuando tenía 12 añitos le hicieron una pequeña cirugía y ella tuvo que ir al hospital.

Bueno, lo que queremos decirte es que aunque los doctores te cuiden con cariño y esté bien atendido, debe ser difícil estar en un ambiente desconocido, ¿no es cierto? Puede ser que te cueste dormir, que debido a las máquinas y los equipos en su entorno escuche ruidos raros de noche y que la comida no sea igualita a la de tu mamá. Eso es normal.

¿Qué más echa de menos? Quizás jugar con los amigos, andar de bici, tener su celular, abrazar sus papás, comer dulces ricos, estar cómodo en su pieza y acostarse en su cama calientita, ¿verdad? Pero por ahora, infelizmente, eso no es posible. ¿Por qué? Porque te enfermaste. Eso puede pasar con cualquier persona. No es culpa tuya, ¿sabe? Sus papás, por amor a ti, te llevaron al hospital para que recobres la salud y te pongas fuerte de nuevo. Es para su bienestar. No te asustes. Pronto saldrás y podrás volver a la normalidad.

Mientras tanto, hay que colaborar con los enfermeros que cuidan de ti. A veces tendrá que dejar que ellos pinchen una venita de tu brazo para inyectarle una medicina o que abra la boca y saque la lengua para que ellos te examinen. Es verdad que no es nada entretenido estar atrapado en una cama de hospital. Puede ser que esté triste, aburrido y desanimado. Que tenga ganas de llorar. Que te sientas solito, sin nadie más para conversar. En tales momentos, ¿qué podrá ayudarte? Recordar lo que Dios, el Papá del cielo, desea para ti. Hablando de sus amigos, Él prometió: "De ellos saldrán canciones de agradecimiento y risas." (Jeremías 30:19)

A Dios le encanta escuchar su risa y verte reír. Él quiere verte feliz. Dios desea que vuelva a saltar contento y a cantar gozoso. Cuando menos espera, ese día llegará: tu regresarás a la casa y podrás volver a hacer las cosas que tanto te gusta. Por fin, todo saldrá bien. De hecho, Dios desea tanto que los jovencitos como tu disfruten la vida que Él dice: "Las plazas de la ciudad estarán llenas de niños y niñas jugando". (Zacarías 8:5)

Cuando mejores y salga del hospital, pida para sus papás que le muestre la página JW.ORG. Te encantará ver los vídeos divertidos y educativos que se hallan ahí.

Saludos cordiales y abrazos virtuales.

Emanuel y Constanza Notari


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